lunes, 16 de septiembre de 2013

sensatez

Se supone que estaremos de acuerdo, seamos quienes seamos, que el mitificado derecho a decidir es una premisa básica de la democracia; y que toda decisión tiene como condición el conocer todas las consecuencias previsibles que esa decisión comporta, las ideales y las reales. Desde muy joven conozco que el mejor de los mundos posibles es un mundo sin fronteras, al menos para los que creemos en el internacionalismo como expresión de progreso. Y cuando levantamos el puño estamos demandando esa unidad que hace la fuerza. Como europeos a eso aspiramos y nos duelen las estériles divisiones, y como europeo español demandaré que no querré estar unido a quien se quiere marchar de mi lado porque, al parecer, le repugna ser europeo español.
Antes de plantear quimeras, de muy difícil encaje en la unidad deseable, sería intelectualmente necesario y democráticamente exigible que alguien sensato explicara que, el que se quiera marchar (¿cuántos y adónde?) que sopese la situación irreversible de salir, con todas sus consecuencias, entre otras fronteras reconocidas, estructura estatal y moneda propia, incluidas. Si estamos en serio no se puede engañar con el significado real de los conceptos. Independencia es una idea radical, total; no se puede pretender engañar a los ciudadanos haciéndoles creer que van a seguir “con el santo y la limosna” para quedarse de mediopensionistas. Europa no es eso.— Francisco González de Tena. Madrid.

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