Pasó la Diada, la fiesta de la Comunidad Autónoma catalana. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Las dieciséis Comunidades restantes y las dos Ciudades Autónomas
también tienen una conmemoración anual en el día de su región, pero ninguna de ellas merece la atención mediática que se dispensa a Cataluña.
Cinco o seis páginas de los medios de comunicación escritos y varios
minutos de telediarios, además de los múltiples comentarios, acreditan
que estamos ante una realidad diferente cuando se trata de Cataluña.
Tres
días antes se celebró el Día de Extremadura y ni comparación. En el
discurso institucional del presidente extremeño hubo algunas
interrupciones por las protestas de algún grupo insatisfecho por la
realidad laboral extremeña, pero no actuaron salvaje y violentamente
como los energúmenos que, al grito de “Cataluña es España”, irrumpieron en la delegación madrileña de la Generalitat de Cataluña,
agrediendo a algunos diputados que allí estaban. Esos fachas hicieron
ese día más independentistas que toda la cadena humana del día 11. Igual
que los que quemaron banderas españolas y retratos de El Rey, aumentaron el número de nacionalistas radicales españoles.
Ante esa realidad, no se puede negar que estamos ante un grave problema. En España asistimos a una situación insólita que nunca habíamos tenido en la historia. Hablo de un ataque al sistema democrático
desde dentro del sistema democrático. En Alemania, Hitler se cargó el
Estado democrático y el derecho alemán desde dentro del sistema. No
entró en el Parlamento con metralletas y el ejército y se cargó la
libertad, al estilo de los golpes de Estado o pronunciamientos militares
ocurridos a lo largo de nuestra desgraciada y corta historia
democrática. Es la democracia la que le dio a Hitler plenos poderes para
convertir un Estado libre y democrático en un Estado nazi. Fue el
parlamento el que le apoyó, fue el pueblo el que aplaudió.
En
España asistimos a una situación insólita que nunca habíamos tenido en
la historia. Hablo de un ataque al sistema democrático desde dentro del
sistema democráticoEn Italia, pasó algo parecido con Mussolini. Marcha sobre Roma de los camisas negras,
el Rey se asusta, plenos poderes a Mussolini y, como primer ministro,
se carga la democracia desde dentro de la democracia. En Austria, un
referéndum fantasma y fraudulento permite la anexión a Alemania. La historia de Europa está llena en ese tiempo de casos
en los que la democracia desaparece, atacada desde dentro de la
democracia. Como consecuencia de eso, Segunda Guerra Mundial y 60
millones de muertos. Los europeos aprendieron la lección y dijeron
“nunca más”. Crearon el Mercado Común, hoy la Unión Europea y,
afortunadamente, nunca más.
Ahora, los españoles nos encontramos
con un ataque al Estado desde dentro del Estado y no tenemos respuesta.
No sabemos qué decir. No sabemos qué hacer. Y deberíamos intentar
articular un discurso y una respuesta que pudiera dar seguridad
y tranquilidad a todos los ciudadanos. Conviene que se tenga claro y se
tome en serio. Tenemos poca experiencia en reformas constitucionales y
algunos pueden pensar alegremente que saltándose las leyes y los
procedimientos, aunque sea sin violencia física y con cadenas humanas, no se producirán consecuencias graves para nuestra convivencia.
Cada vez que digo algo de Cataluña me insultan llamándome bellotari,
nacionalista español, facha y no sé cuántas cosas más. Yo no soy ni
nacionalista español ni centralista, por razones que se comprenden
fácilmente a poco que se estudie la historia de España desde el siglo
XIX hasta nuestros días. Un extremeño no le debe nada al nacionalismo español,
entre otras cosas, porque su territorio y sus gentes han sido víctimas
del proteccionismo de ese nacionalismo del que se beneficiaron, entre
otros, la industria textil catalana, el cereal castellano y la
siderurgia vasca. En su libro Hacia una comprensión de la dictadura de Primo de Rivera, Ben-Ami escribe:
Cada
vez que digo algo de Cataluña me insultan llamándome bellotari,
nacionalista español, facha y no sé cuántas cosas más. Yo no soy ni
nacionalista español ni centralistaComo en Italia, donde
Mussolini encontraba su soporte más sólido entre los industriales y los
terratenientes, en España fue el horror al desorden y a la anarquía lo
que arrojó a la alta burguesía catalana en los brazos de Primo de
Rivera; hasta el punto de que puede considerarse ese grupo social como
responsable del golpe de Estado, por haber creado una atmósfera de
histeria en torno al terror proletario en la región y por manifestar su
disposición a apoyar un defensor de la paz y del orden, tal como ellos
lo entendían. Parece que algunos de sus principales líderes tuvieron
conocimiento previo del pronunciamiento. Y, cuando éste tuvo lugar,
Cambó -el líder de la Lliga Regionalista-, no dudó en exclamar que aquel
era el único dulce que había podido paladear en un año amargo. Puig i
Cadafalc lo corroboró al afirmar que, entre un golpe ilegal y los
políticos corrompidos del sistema liberal hasta entonces vigente, la
Lliga, prefería el primero.
El mismo autor sigue diciendo:
La euforia con que las Cámaras de Comercio e Industria de Cataluña
dieron la bienvenida al dictador fue ampliamente recompensada con «paz
social» y con los aranceles más altos de Europa.
Para
marcar una diferencia importante de sensibilidades diré que para un
nacionalista la historia relevante es la de los conflictos
centro-periferia que han tenido como escenario el suelo peninsular;
mientras, para un progresista español lo importante son las luchas que
han permitido la emancipación de los ciudadanos. En los planteamientos
reformistas, el Estado es la clave de la transformación y de la nivelación social y económica de los ciudadanos.
Por eso, muchos de los que nos consideramos ciudadanos de izquierdas
tenemos tantos problemas a la hora de comprender cualquier
deslegitimación, no de la España en abstracto y patriotera, sino de la
España actual, democrática, constitucional, plural, diversa y
descentralizada, donde por primera vez la izquierda y los progresistas
pueden plantear y llevar adelante un proyecto político de igualdad,
libertad y solidaridad para todos y entre todos.
Por eso resulta
tan lamentable que en las dos únicas ocasiones en que los demócratas
progresistas españoles hemos podido gozar de libertad plena para tratar
de ganar la confianza de los ciudadanos y acceder al gobierno de España
para seguir ampliando los derechos y la libertad, desde Cataluña se pongan palos en la rueda de esa posibilidad,
abierta desde la Constitución de 1978, poniendo en peligro la
convivencia y la libertad de este instrumento llamado España, como ya
ocurrió en octubre de 1934 con la proclamación unilateral del Estado
catalán y desde 2012 con el pronunciamiento del gobierno de la
Generalidad de Cataluña.
¿Quién nos engañaba cuando, en los años
60 y 70 del siglo pasado, gritábamos en los conciertos de Lluís Llach,
de Raimon, de María del Mar Bonet o de Serrat, aquello de "Libertad,
Amnistía y Estatuto de Autonomía"? Los etarras que salieron de las
cárceles españolas no querían libertad sino sangre. Nos equivocamos cuando se les amnistió.
Los nacionalistas parece que tampoco era autonomía lo que pedían.
También nos equivocamos, porque querían independencia. Unos y otro nos
engañaron. Claro que entonces la izquierda catalana era para nosotros,
el resto de demócratas progresistas españoles, el espejo en el que nos
mirábamos. ¡Qué error, visto lo visto!
En este blog quiero dar mi propia visión del conflicto entre el nacionalismo catalán y el nacionalismo español. Parece que ahora tienes que estar en un bando o en otro y personalmente prefiero estar en el que estoy ahora pero mejorando todo aquello que no funciona, tanto de un bando como del otro. Basta de manipulaciones nacionalistas de cualquier signo. ¿De verdad es imposible España tal y como la conocemos? WE NEED YOUR HELP-NECESITAMOS TU AYUDA-NECESSITEM EL TEU AJUT
lunes, 16 de septiembre de 2013
¿ENGAÑO?Visto lo visto... ¡qué error! .JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA
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