De momento, parece que esta postura unitaria se está produciendo; pero, sobre todo desde algunos sectores del partido en la oposición, se pone cierto énfasis en la necesidad de que el Gobierno haga algo más que negar la legalidad de la pretendida consulta. No digo yo que el partido hoy en el poder no deba hacer algún movimiento para intentar limar asperezas y acercar posiciones distanciadas; sin embargo, tampoco haría mal la oposición en concretar en qué sentido y de qué manera deben darse esos pasos que reclama, que bien podrían ser consensuados previamente por ambas formaciones para ofrecer así una respuesta sólida y común al presente desafío.— Carlos Bravo Suárez. Graus, Huesca.
La campaña para el independentismo que está organizando el Gobierno de Cataluña va a comportar todo un dispendio que supone dejar de atender gran parte de las principales necesidades de muchas familias que están sufriendo las consecuencias de los recortes en atenciones primarias.
A veces resulta desolador comprobar que estamos en manos de quienes en vez de valorar, con la sensibilidad y la urgencia requeridas, el orden de prioridades, nos llevan a una delirante aventura para satisfacer la soberbia nacionalista, que ya apunta a un grave riesgo de desgarro social.
No estaría de más que los promotores del secesionismo nos explicaran el alcance de sus ventajas y, sobre todo, el de sus inconvenientes. Y cuáles son los objetivos concretos una vez fuera del marco de la Constitución, garante para la convivencia dentro de la integridad territorial del Estado.— Jordi S. Berenguer. Barcelona.
La Navidad llama a la paz y a la alegría, que para lo contrario ya
tenemos el resto del año. Por eso sorprende que Artur Mas felicite la
fiestas con una postal que representa el asedio previo al bombardeo de
Barcelona de 1705 en que murieron cientos de mujeres y niños de la
ciudad. Es, sin duda, una manera rara de desear paz y felicidad.
¿Ha pensado Mas que tanta obsesión enfermiza con el siglo XVIII y sus batallitas está resultando casi ridícula? Ahí tenemos el simposio España contra Cataluña, decenas de actos sobre 1714 e incluso en algunos hospitales, entre vacunas y medicamentos, te dan folletos sobre la Guerra de Sucesión. Solo pensar que el próximo año nos van a estar dando la brasa continuamente con el tricentenario dan ganas de exiliarse a las antípodas. Afortunadamente Australia no participó en la Guerra de Sucesión.—María José Raga. Salou, Tarragona.
Lo dicho, nos creen tontos, son tontos o su prepotencia es tan elevada que no ven su estupidez. Se quieren separar de España sin contar con España y ahora afirman que, una vez independientes, deberán mantener, si cabe, una mayor relación de amistad con España, el Barça y el Español podrán jugar en la Liga Española y habrá que formar la Liga Ibérica formada por Cataluña, Portugal, Andorra y España. — Daniel González. Barcelona.
¿Ha pensado Mas que tanta obsesión enfermiza con el siglo XVIII y sus batallitas está resultando casi ridícula? Ahí tenemos el simposio España contra Cataluña, decenas de actos sobre 1714 e incluso en algunos hospitales, entre vacunas y medicamentos, te dan folletos sobre la Guerra de Sucesión. Solo pensar que el próximo año nos van a estar dando la brasa continuamente con el tricentenario dan ganas de exiliarse a las antípodas. Afortunadamente Australia no participó en la Guerra de Sucesión.—María José Raga. Salou, Tarragona.
Lo dicho, nos creen tontos, son tontos o su prepotencia es tan elevada que no ven su estupidez. Se quieren separar de España sin contar con España y ahora afirman que, una vez independientes, deberán mantener, si cabe, una mayor relación de amistad con España, el Barça y el Español podrán jugar en la Liga Española y habrá que formar la Liga Ibérica formada por Cataluña, Portugal, Andorra y España. — Daniel González. Barcelona.
Uno de los principales argumentos de los partidos políticos que están
a favor de consultar a los ciudadanos de Cataluña es que preguntar a
los catalanes acabará de una vez por todas con la tensión política que
lleva más de un año asolando a la sociedad catalana.
Sin embargo, y sea cual sea su resultado, la celebración de la consulta dividirá a la sociedad en dos comunidades: unos se sentirán extranjeros por no poder seguir siendo españoles en su nuevo país, si gana el sí, mientras que en el caso de que gane el no, los perdedores se sentirán “encarcelados” en un país que ha utilizado todos los resortes que tiene un Estado, para que no ganase el sí a la separación.
El independentismo ha doblado sus apoyos en los últimos tres años, revelando que su origen no es un sentimiento independentista genuino, sino la crisis económica y política que afecta a España y cuyo producto y resultado en Cataluña es el independentismo. Las reformas —territoriales, de calidad democrática, institucionales, económicas— serán las únicas que resolverán este problema, y no una consulta que lo único que hará será atizar la división dentro de la propia sociedad catalana.— Moisés Gómez Díaz.
Si el maltrato de España a Cataluña da para un congreso de tres días, el de España contra España daría para una carrera universitaria, incluidos doctorado y máster. Yo ya me imagino otro congreso en Sevilla: España contra Andalucía; en Mérida: España contra Extremadura, con un pase remasterizado de Los santos inocentes; otro en Burgos: España contra Castilla La Vieja, con otro pase de Las ratas o de El espíritu de la colmena, más mesetaria si cabe; en Toledo, España contra Castilla-La Mancha, aquí podría encajar El viaje a ninguna parte, sin segundas, porque el aeropuerto de Ciudad Real no da para más de momento. Podríamos seguir en Murcia, Galicia, Asturias, etcétera. Y llevados hasta el final de nuestro empeño crear un parque temático de agravios, ahora que Adelson deja Eurovegas. No sé si ir al registro de patentes y pasar por ventanilla antes de que algún espabilado se adelante y me deje a dos velas. Las crisis es lo que tienen.— Pelayo Molinero Gete.
¿Quiere que Cataluña sea un Estado y le toque la lotería? Esa debería ser la formulación de la pregunta y que estaría más en concordancia con el currículo de aquellos que pretenden efectuar un referéndum ilegal, incumplir las leyes y faltar a los juramentos realizados.— Juan Fernández Sánchez. Stuttgart, Alemania.
Soy uno de esos 400.000 catalanes que viven fuera de Cataluña y llevo algún tiempo haciéndome esta pregunta: ¿en qué me quieren convertir los impulsores de la descabellada propuesta separatista?, ¿en un extranjero en mi tierra? Supongo que imperarán la cordura y el respeto a las leyes, y, como en su día ocurrió con el plan Ibarretxe, el verdadero ámbito de decisión, que es el que nos abraza a todos los españoles, pondrá fin a esta desafortunada aventura del nacionalismo catalán.
Más le valdría a la Generalitat preocuparse por Cataluña, que en los últimos años ha dejado de ser el referente económico y cultural de otros tiempos. Puedo asegurarles además, porque soy testigo de ello, que está en el momento de mayor rechazo desde los tiempos del franquismo, mientras que allá por finales de los setenta era vista con admiración. Y aún añadiré otra cosa: se está convirtiendo en un territorio demasiado hostil con los enemigos que se ha creado. En el año 1992, mi hijo se paseó por las Ramblas con el traje del Real Madrid que le habíamos comprado allí mismo, pero en 2009 pude ver en Girona algunas muestras de intransigencia exclusivista que serían largas de referir. El nacionalismo se está cargando a Cataluña en muchos aspectos: no es España contra Cataluña, es Cataluña contra Cataluña.— Pablo López Gómez. Tres Cantos, Madrid.
Sin embargo, y sea cual sea su resultado, la celebración de la consulta dividirá a la sociedad en dos comunidades: unos se sentirán extranjeros por no poder seguir siendo españoles en su nuevo país, si gana el sí, mientras que en el caso de que gane el no, los perdedores se sentirán “encarcelados” en un país que ha utilizado todos los resortes que tiene un Estado, para que no ganase el sí a la separación.
El independentismo ha doblado sus apoyos en los últimos tres años, revelando que su origen no es un sentimiento independentista genuino, sino la crisis económica y política que afecta a España y cuyo producto y resultado en Cataluña es el independentismo. Las reformas —territoriales, de calidad democrática, institucionales, económicas— serán las únicas que resolverán este problema, y no una consulta que lo único que hará será atizar la división dentro de la propia sociedad catalana.— Moisés Gómez Díaz.
Si el maltrato de España a Cataluña da para un congreso de tres días, el de España contra España daría para una carrera universitaria, incluidos doctorado y máster. Yo ya me imagino otro congreso en Sevilla: España contra Andalucía; en Mérida: España contra Extremadura, con un pase remasterizado de Los santos inocentes; otro en Burgos: España contra Castilla La Vieja, con otro pase de Las ratas o de El espíritu de la colmena, más mesetaria si cabe; en Toledo, España contra Castilla-La Mancha, aquí podría encajar El viaje a ninguna parte, sin segundas, porque el aeropuerto de Ciudad Real no da para más de momento. Podríamos seguir en Murcia, Galicia, Asturias, etcétera. Y llevados hasta el final de nuestro empeño crear un parque temático de agravios, ahora que Adelson deja Eurovegas. No sé si ir al registro de patentes y pasar por ventanilla antes de que algún espabilado se adelante y me deje a dos velas. Las crisis es lo que tienen.— Pelayo Molinero Gete.
¿Quiere que Cataluña sea un Estado y le toque la lotería? Esa debería ser la formulación de la pregunta y que estaría más en concordancia con el currículo de aquellos que pretenden efectuar un referéndum ilegal, incumplir las leyes y faltar a los juramentos realizados.— Juan Fernández Sánchez. Stuttgart, Alemania.
Soy uno de esos 400.000 catalanes que viven fuera de Cataluña y llevo algún tiempo haciéndome esta pregunta: ¿en qué me quieren convertir los impulsores de la descabellada propuesta separatista?, ¿en un extranjero en mi tierra? Supongo que imperarán la cordura y el respeto a las leyes, y, como en su día ocurrió con el plan Ibarretxe, el verdadero ámbito de decisión, que es el que nos abraza a todos los españoles, pondrá fin a esta desafortunada aventura del nacionalismo catalán.
Más le valdría a la Generalitat preocuparse por Cataluña, que en los últimos años ha dejado de ser el referente económico y cultural de otros tiempos. Puedo asegurarles además, porque soy testigo de ello, que está en el momento de mayor rechazo desde los tiempos del franquismo, mientras que allá por finales de los setenta era vista con admiración. Y aún añadiré otra cosa: se está convirtiendo en un territorio demasiado hostil con los enemigos que se ha creado. En el año 1992, mi hijo se paseó por las Ramblas con el traje del Real Madrid que le habíamos comprado allí mismo, pero en 2009 pude ver en Girona algunas muestras de intransigencia exclusivista que serían largas de referir. El nacionalismo se está cargando a Cataluña en muchos aspectos: no es España contra Cataluña, es Cataluña contra Cataluña.— Pablo López Gómez. Tres Cantos, Madrid.
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