¿El discreto encanto de la burguesía?
1. Las ciencias sociales producen de vez en cuando conceptos que hacen fortuna en el discurso político más allá de las fronteras de la academia y se convierten en una especie de comodín explicativo. Acaban así desvirtuando su capacidad explicativa en cuanto reducen la complejidad de cualquier fenómeno social a un sólo factor que por él mismo sería capaz de explicarlo completamente.
2. En un artículo publicado en Agenda Pública se argumentaba la existencia en Cataluña de una ‘espiral del silencio’ planificada a consciencia por parte de las élites nacionalistas, en una oportunista pero aún así perfectamente diseñada estrategia que mostraría además una extraordinaria capacidad de coordinación. Ésta sería la explicación para entender la situación política en Cataluña durante los últimos años, por la cual se impondrían las tesis soberanistas distorsionando la voluntad de la ciudadanía.
El problema no se encuentra en el uso de conceptos que si han llegado a ser exitosos es normalmente debido a su capacidad para ayudarnos a entender mejor la complejidad de nuestras sociedades. La cuestión yace más bien en cómo los utilizamos y qué pretendemos de ellos cuando sirven de apoyo a un discurso político. Políticamente, una vez se formula una definición de nacionalismo asociada a valores negativos, ya se puede desautorizar de inicio a los planteamientos que percibimos como contrarios a nuestras posiciones: los nacionalistas siempre son los otros. Esta lógica argumental está tradicionalmente asociada a la manera en que los nacionalismos de estado se enfrentan a procesos de nacionalización incompleta y promueven un proyecto de comunidad nacional, ver por ejemplo la clásica caracterización de los nacionalismos subestatales como étnicos en contraposición al carácter cívico del nacionalismo de estado. Uno de los ejemplos paradigmáticos de esta asociación es el que sitúa al nacionalismo como un extremo del eje ideológico izquierda-derecha: de este modo, el nacionalismo no puede ser de izquierdas ni la izquierda puede ser nacionalista.
3. Ni las teorías sobre el nacionalismo, los estudios historiográficos o el análisis demoscópico sustentan la existencia de tal exclusividad. Esto no significa poner en cuestión el indudable rol de las élites económicas, políticas y culturales en el desarrollo de los movimientos nacionalistas, sean de estado o en busca de estado, pero no debe olvidarse que cualquier movimiento nacionalista mínimamente exitoso tiene una necesaria dimensión popular. De hecho es más la norma que la excepción que los movimientos nacionalistas en su conjunto hagan hincapié en la existencia de una comunidad de tipo nacional vinculada no sólo a aspectos étnicos o identitarios sino también a su viabilidad económica y al bienestar del conjunto de los ciudadanos. Un discurso que pretendiera ser mayoritario no podría poner el acento en una concepción nacional excluyente por motivos de origen u otros elementos culturales sino que tenderá a ponerlo en aspectos económicos y de bienestar.
4. Esto no excluye la posibilidad de que ciertos nacionalismos sean de carácter etnicista -si atendemos a los componentes de su discurso político- ni que se caractericen por tener una base étnico-cultural -por la cual la población nacida en el territorio muestren un mayor apoyo al autogobierno incluyendo la independencia-. Incluso no descartaría la posible existencia de estrategias totalizantes para excluir del debate y de la agenda política las posiciones contrarias al nacionalismo. Podríamos concebir pues un discurso que denuncie la manipulación y control de la agenda política y las instituciones representativas por parte del nacionalismo, donde bajo la etiqueta genérica de su 'burguesía', sus 'élites', o sus 'clases altas', estos grupos no sólo reprimirían las voces contrarias a los postulados de dicho 'nacionalismo', sino que conseguirían que se autocensuraran, ocultando sus preferencias e incluso haciendo que la población no fuera consciente de sus intereses 'reales'. Pero plantear esta ambiciosa hipótesis requiere discutir alguna evidencia disponible más allá de nuestras opiniones, de otro modo estaremos una vez más cargando a un concepto tan relevante como el de la 'espiral del silencio' de un carácter prácticamente magico.
5. Una espiral del silencio contemporánea orquestada por una minoría activa y omnipresente, la exclusión de posturas favorables a la descentralización sin dejar de compartir un proyecto nacional español, o la contraposición progresista-nacionalista son afirmaciones difíciles de sustentar si atendemos tanto a la oferta política como a los valores ideológicos de la ciudadanía catalana. Respecto a las preferencias de la sociedad catalana, los datos muestran efectivamente una persistente voluntad de autogobierno, y sería igualmente relevante preguntarse por qué una parte importante de la sociedad ha modificado durante los últimos años sus preferencias sobre cómo articular dicha voluntad institucionalmente. Aún más teniendo en cuenta que se trata de una sociedad ubicada mayoritariamente en las posiciones de izquierda del eje ideológico. No debería extrañar el hecho de que el porcentaje de apoyo al estado independiente sea especialmente relevante en las posiciones de izquierda, que en buena parte pudiera sustentarse en la expectativa de una mejora del bienestar social, ni que pudiera relacionarse con la sensación de fracaso respecto al proceso de revisión autonómica que se inició con la llegada de Pasqual Maragall a la presidencia de la Generalitat en 2003.
Iván Serrano. Eldiario.es
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